Cama de setas: una nueva forma de cultivar setas en tu huerto y jardín
Una nueva forma de cultivar setas al aire libre, crear espacios productivos y aprovechar los recursos del entorno
Crear un huerto no consiste únicamente en cultivar hortalizas. También podemos cultivar setas. Y hacerlo al aire libre, integrándolas en huertos, jardines, fincas agrícolas o espacios productivos mediante las llamadas camas de setas (camas de cultivo de setas).
Se trata de una técnica de cultivo que permite crear pequeños ecosistemas productivos en los que los hongos transforman materia orgánica en alimento y pueden ofrecer cosechas durante varios años con un mantenimiento relativamente sencillo.
Para quienes buscan avanzar hacia una mayor autosuficiencia y soberanía alimentaria, para los productores hortícolas que desean diversificar su producción o para los profesionales del paisajismo y la jardinería que buscan nuevas formas de aportar valor a los espacios verdes, las camas de cultivo de setas abren un mundo de posibilidades.
¿Qué es una cama de cultivo de setas?
Las camas de setas son espacios de cultivo al aire libre diseñado para que el micelio de una especie colonice un sustrato orgánico y, cuando las condiciones son favorables, produzca setas.
A diferencia del cultivo convencional de setas en interior, aquí no buscamos controlar completamente el ambiente. Trabajamos con los ritmos naturales de temperatura, humedad y estacionalidad, diseñando el cultivo para que el hongo pueda desarrollarse en estas condiciones.
El resultado es un sistema de producción de setas plenamente integrado en el entorno.
Una cama de cultivo puede formar parte de un huerto, situarse bajo árboles, ocupar una zona poco productiva del jardín o integrarse en un proyecto de paisajismo productivo. Con un buen diseño, un mismo espacio puede combinar plantas, hongos y otros elementos del ecosistema, generando distintas funciones y producciones.
Del huerto convencional al huerto fungícola
Tradicionalmente, cuando pensamos en un huerto imaginamos bancales donde cultivamos hortalizas. Sin embargo, un sistema productivo puede ir mucho más allá.
Las setas nos permiten aprovechar materiales lignocelulósicos —como paja, astillas de madera, hojarasca y otros restos vegetales— para convertirlos en sustrato de cultivo.
Esto introduce una nueva dimensión en el diseño de los espacios agrícolas: cultivar plantas en la superficie y setas en el sustrato.
Es una forma de aprovechar distintos estratos del espacio y, al mismo tiempo, incorporar los hongos a sistemas de producción más circulares.
Además, algunas especies pueden ofrecer una producción estacional complementaria a la de la huerta. Cuando determinados cultivos hortícolas reducen su actividad, las setas pueden ocupar ese espacio dentro del calendario productivo. Asimismo, en ensayos de campo se ha comprobado que la introducción de micelio en el huerto favorece un mayor desarrollo radicular de las plantas cercanas, dando lugar a plantas más sanas, vigorosas y con un mayor potencial productivo.
Diseñar el cultivo: incubación y fructificación
Para que una cama de cultivo funcione no basta con añadir micelio a un montón de sustrato. Es necesario comprender las necesidades del hongo y diseñar adecuadamente el espacio productivo.
Uno de los aspectos fundamentales consiste en diferenciar dos fases: la incubación y la fructificación.
Durante la incubación, el micelio necesita colonizar progresivamente el sustrato. En esta etapa conviene favorecer unas condiciones que permitan al hongo desarrollarse y competir con otros organismos.
Posteriormente, cuando el sustrato está suficientemente colonizado y las condiciones ambientales son adecuadas, comienza la fase de fructificación: el momento en el que el micelio deja de centrar sus esfuerzos en la colonización y empieza a producir setas.
Por ello, al construir una cama de cultivo debemos tener en cuenta aspectos como:
-
la ubicación y orientación;
-
la sombra y la radiación solar;
-
la humedad disponible;
-
el drenaje;
-
el tipo y la estructura del sustrato;
-
la temperatura a lo largo del año;
-
la ventilación;
-
la competencia con otros organismos;
-
la especie que queremos cultivar;
-
y, sobre todo, el calendario natural de fructificación.
No existe un único modelo de cama de setas. El sistema debe adaptarse tanto a la especie como al espacio donde queremos cultivarla.
Dos especies, dos estaciones
Una de las posibilidades más interesantes consiste en combinar especies con diferentes épocas de fructificación.
Seta de ostra (Pleurotus ostreatus)
La seta de ostra es una de las especies más conocidas e interesantes para iniciarse en el cultivo de setas.
Está adaptada a temperaturas frescas y, en condiciones favorables, fructifica principalmente durante el otoño, el invierno y la primavera.
Una cama de cultivo de seta de ostra está diseñada para producir aproximadamente desde septiembre hasta mayo, aprovechando gran parte de la época de temperaturas frescas y suaves.
Seta de ostra rosada (Pleurotus djamor)
La seta de ostra rosada aporta una característica especialmente interesante: su adaptación a temperaturas elevadas, propia de una especie termófila. Su fructificación se concentra durante los meses de pleno verano.
Esto permite utilizarla como complemento de la seta de ostra común y orientar su producción hacia los meses más cálidos. Nuestra experiencia demuestra que puede fructificar con temperaturas ambientales comprendidas entre 25 y 35 °C.
De este modo, ambas camas permiten comprender uno de los principios más interesantes de la fungicultura al aire libre: no se trata únicamente de cultivar setas, sino de diseñar un calendario de producción adaptado a las estaciones.
Otras especies interesantes para este tipo de cultivo son la estrofaria gigante (Stropharia rugosoannulata), el enoki (Flammulina velutipes), la seta de la paja (Volvariella volvacea) y la seta de ostra pulmonar (Pleurotus pulmonarius).
Un cultivo que puede durar años
Uno de los grandes atractivos de las camas de setas es que no se plantean necesariamente como un cultivo de un único ciclo.
Cuando el sustrato es adecuado, el micelio se implanta correctamente y el entorno ofrece condiciones favorables, la cama puede seguir produciendo durante varios años.
Esto cambia completamente la perspectiva respecto a otros sistemas de cultivo.
No hablamos simplemente de preparar un sustrato, obtener una o dos cosechas y empezar de nuevo. Estamos creando una estructura productiva viva que evoluciona con el tiempo.
El manejo pasa a consistir en observar, comprender y acompañar el sistema.
¿Cuándo produce?
¿Cuándo deja de producir?
¿Cómo responde a la lluvia?
¿Cómo evoluciona el sustrato?
¿Qué relación mantiene con la sombra y la vegetación circundante?
En gran medida, este seguimiento es lo que convierte la fungicultura al aire libre en una experiencia tan interesante.
Una oportunidad para los productores hortícolas
Para un productor profesional, incorporar setas al sistema puede representar una excelente oportunidad de diversificación.
Las camas de setas pueden ocupar espacios que no siempre son adecuados para determinadas hortalizas: zonas sombrías, márgenes, espacios bajo árboles o áreas de transición.
Además, permiten plantear nuevos calendarios de producción y complementar la oferta habitual de la huerta.
No se trata necesariamente de sustituir un cultivo por otro, sino de preguntarnos:
¿Qué más podemos producir en este espacio?
Y esta pregunta resulta especialmente relevante en un momento en el que buscamos sistemas agrícolas cada vez más eficientes, diversos y alineados con los principios de la economía circular.
Camas de cultivo y paisajismo productivo
Las camas de cultivo no tienen por qué limitarse a los huertos. Un jardín también puede convertirse en un espacio de producción de alimentos.
En proyectos de paisajismo, jardines comestibles, fincas educativas, huertos comunitarios o espacios agroecológicos, las setas pueden integrarse de forma natural en el diseño.
Podemos imaginar zonas de sombra con plantas, árboles frutales, aromáticas y camas de cultivo de setas; espacios donde producción, biodiversidad y paisaje dejan de ser conceptos separados.
Para paisajistas y jardineros, esto abre una vía muy interesante para incorporar la fungicultura al diseño de espacios vivos y productivos.
Cultivar setas es también cultivar autonomía
La fungicultura al aire libre nos invita a mirar los espacios agrícolas y los jardines desde una nueva perspectiva.
Nos demuestra que las setas no tienen por qué cultivarse necesariamente en una sala climatizada ni en una instalación compleja. También pueden formar parte de un huerto, de un jardín o de una finca agrícola.
Y, sobre todo, nos recuerdan una idea esencial: la producción de alimentos puede ser mucho más diversa y cercana de lo que solemos imaginar.
Incorporar setas a nuestro sistema productivo significa explorar nuevas formas de aprovechar los recursos disponibles, diversificar las cosechas, avanzar hacia la autosuficiencia y recuperar una relación más directa con los ciclos naturales que nos rodean.
Por eso, las camas de setas pueden ser mucho más que una simple técnica de cultivo: nos invitan a convertirnos en una pieza más del huerto, del jardín y del espacio exterior, desde una mirada más productiva, resiliente y orientada a la diversificación de las especies cultivadas.