Diferencias entre hongos comestibles y medicinales
Los hongos han acompañado a la humanidad durante milenios, tanto en la mesa como en la botica. Sin embargo, la distinción entre hongos comestibles y medicinales no siempre resulta evidente, especialmente cuando algunas especies transitan entre ambas categorías. A nivel mundial se estima que conocemos mas de 2.100 especies de hongos silvestres culinarios y aproximadamente 470 especies con un uso medicinal.
Una distinción basada en la intención de uso
La primera diferencia fundamental entre hongos comestibles y medicinales no reside tanto en la especie en sí, sino en la intención con la que se emplean. Los hongos comestibles se recolectan o cultivan principalmente por su valor nutricional y gastronómico, mientras que los hongos medicinales se utilizan específicamente por sus propiedades terapéuticas demostradas. Esta diferenciación, sin embargo, presenta zonas grises: especies como el shiitake (Lentinula edodes) son apreciadas tanto por su exquisito sabor como por sus efectos sobre el sistema inmunitario, y la melena de león (Hericium erinaceus) destaca no solo como delicia culinaria sino también por sus beneficios al sistema cognitivo y digestivo.
Composición nutricional de las setas
Los hongos comestibles constituyen una fuente alimentaria excepcional. Su contenido proteico puede alcanzar entre el 10% y el 40% de su peso seco, superando ampliamente a la mayoría de las verduras, y contienen todos los aminoácidos esenciales para la dieta humana. Adicionalmente, son ricos en fibra, bajos en grasas y completamente libres de colesterol. Su perfil vitamínico incluye vitaminas del grupo B, C y D, siendo una de las pocas fuentes no animales de vitamina D2. En este contexto, los hongos comestibles se consumen principalmente por estos aportes nutricionales básicos.
Los hongos medicinales, por su parte, aunque mantienen un perfil nutricional similar, se distinguen por presentar concentraciones significativamente más elevadas de compuestos bioactivos específicos. Estos compuestos, como los triterpenos, los β-glucanos de alto peso molecular, heteropolisacáridos, pectinas y hemicelulosas, pueden constituir del 10% al 50% de su peso seco. La diferencia esencial radica en que estos compuestos bioactivos se encuentran en cantidades terapéuticamente relevantes en los hongos medicinales.
La importancia de los β-glucanos
Los β-glucanos representan uno de los compuestos más estudiados en micología medicinal. Se trata de polisacáridos formados por cadenas de glucosa unidas mediante enlaces glucosídicos beta. No obstante, no todos los β-glucanos son equivalentes. Los β-glucanos de los hongos medicinales poseen una estructura específica: enlaces β-(1,3) en su cadena principal con ramificaciones β-(1,6), característica que resulta crucial para su actividad sobre el sistema inmunitario.
Esta estructura difiere notablemente de los β-glucanos presentes en cereales como la avena o la cebada, que presentan enlaces β-(1,3)/(1,4) y carecen de la misma actividad inmunomoduladora. Los β-glucanos fúngicos son reconocidos por receptores específicos de las células inmunitarias innatas, como macrófagos, neutrófilos y células NK (natural killer). Al unirse a receptores como Dectin-1, TLR2/4/6/9 y el receptor del complemento CD11b, activan vías de señalización como MAPK-NFκB y Syk-PKC, lo que desencadena una respuesta inmunitaria más eficaz frente a patógenos.
El mecanismo de acción de los β-glucanos es particularmente elegante: tras su absorción intestinal, principalmente en las placas de Peyer del intestino delgado, son fagocitados por macrófagos que circulan por el cuerpo hasta diversos tejidos linfoides. Allí, estos macrófagos fragmentan los β-glucanos, y algunos de estos fragmentos son captados por neutrófilos, provocando su "cebado". Este proceso significa que los neutrófilos quedan preparados para reconocer y responder rápidamente a amenazas como virus y bacterias.
Terpenoides y compuestos fenólicos – Más allá de los β-glucanos...
Más allá de los β-glucanos, relevantes por su papel en la modulación inmunitaria, los hongos medicinales se distinguen por una matriz compleja y específica de compuestos bioactivos, cuya composición y función varían notablemente entre especies. En los hongos que cultivamos y transformamos en Boscum (Hericium erinaceus, Ganoderma lingzhhi o lucidum, Inonotus obliquus, Lentinula edodes y Grifola frondosa), esta diversidad incluye terpenoides (especialmente triterpenos), compuestos fenólicos, esteroles fúngicos, glucoproteínas y otros metabolitos especializados que explican la gran parte de sus efectos fisiológicos diferenciales, por lo que su cuantificación y estandarización es clave para evaluar la eficacia real de un extracto medicinal de calidad.
En Reishi (Ganoderma lingzhi o lucidum), los triterpenos tipo ganoderácidos y lucidenatos son clave para su perfil adaptogénico: estos compuestos se asocian a efectos antiinflamatorios, inmunomoduladores y reguladores del eje estrés-inmunidad, complementando la acción estructural de los polisacáridos. En Chaga (Inonotus obliquus), destacan tanto los triterpenos como el inotodiol como su elevada concentración de polifenoles y melaninas, responsables de una potente actividad antioxidante y de su interés en contextos de protección celular frente al estrés oxidativo crónico.
Lion’s Mane (Hericium erinaceus) presenta un perfil distinto: además de polisacáridos inmunoactivos, contiene compuestos fenólicos y terpenoides específicos (como hericenonas y erinacinas) que han sido estudiados por su capacidad para estimular factores neurotróficos y apoyar la salud del sistema nervioso, lo que lo diferencia claramente de los hongos de enfoque predominantemente inmunitario.
En Shiitake (Lentinula edodes) y Maitake (Grifola frondosa), junto a fracciones β-glucánicas bien caracterizadas, los esteroles fúngicos, compuestos fenólicos y glucoproteínas contribuyen a efectos hipolipemiantes, inmunomoduladores y antioxidantes, reforzando la importancia de considerar el extracto como un todo bioactivo y no como una suma de compuestos aislados.
Ejemplos representativos: del plato a la farmacia
El Reishi, conocido como el "hongo de la inmortalidad" en la medicina tradicional china, ejemplifica perfectamente el concepto de hongo medicinal. Rico en triterpenoides, polisacáridos, nucleótidos, esteroides y alcaloides, su uso tradicional abarca el tratamiento de colesterol alto, hipertensión, fatiga crónica, estrés, ansiedad, diabetes e insomnio. Sus polisacáridos son capaces de aumentar la supervivencia en modelos animales con carcinoma, actuando como adyuvante del tratamiento quimioterápico.
El lentinano, un β-glucano aislado del shiitake, representa uno de los compuestos más exhaustivamente estudiados. Su estructura molecular específica consiste en cinco unidades de glucosa unidas en enlaces β-(1,3) con dos ramificaciones de glucosa en β-(1,6). En Japón, el lentinano ha sido aprobado durante más de 20 años para uso intravenoso como complemento a la quimioterapia. Este compuesto ha demostrado efectos inmunomoduladores significativos al activar la secreción de citoquinas como el interferón gamma.
El cordyceps (Ophiocordyceps sinensis) merece mención especial por contener cordicepina, un análogo de la adenosina que interfiere con la síntesis de ADN, limitando el crecimiento de microorganismos y ejerciendo efectos antiinflamatorios y antitumorales.
La importancia de la concentración y los extractos
Una diferencia crucial entre el uso alimentario y medicinal de los hongos radica en la concentración de compuestos bioactivos y la forma de administración. Para obtener efectos terapéuticos significativos de un hongo como el shiitake, sería necesario consumir cantidades muy superiores a las habituales en la cocina. Por esta razón, los hongos medicinales suelen administrarse en forma de extractos concentrados o complementos alimenticios, donde las técnicas de extracción permiten concentrar los compuestos activos a niveles terapéuticamente relevantes.
Diferencias entre polvo y extractos de setas medicinales
Las setas medicinales en polvo tienen baja biodisponibilidad debido a la quitina que atrapa los principios activos. Los extractos simples (acuosos o alcohólicos) capturan solo parte de los compuestos bioactivos. La doble extracción hidroalcohólica combina ambos métodos, liberando tanto betaglucanos como triterpenos. El ratio de concentración y los análisis de laboratorio certifican la calidad del extracto final.
Read moreLos extractos de hongos medicinales utilizan métodos específicos como la extracción con agua caliente o soluciones alcalinas para aislar los polisacáridos de mayor actividad biológica. Análisis de especies cultivadas especializadas muestran contenidos de β-glucanos próximos al 50% del peso seco, niveles imposibles de alcanzar mediante el consumo alimentario convencional.
Un espectro continuo más que una dicotomía
La distinción entre hongos comestibles y medicinales no representa una división tajante, sino más bien un espectro continuo. Todos los hongos comestibles contienen compuestos bioactivos en alguna medida, y muchos hongos medicinales son perfectamente comestibles y sabrosos. La diferencia fundamental radica en la concentración de compuestos bioactivos, la intención de uso y la forma de preparación. Un champiñón común proporciona excelente nutrición; un extracto de reishi concentrado ofrece terapia. Entre ambos extremos existe una amplia gama de especies que nutren mientras curan, recordándonos que la separación entre alimento y medicina ha sido siempre más cultural que biológica.
La investigación contemporánea continúa revelando el potencial de estos organismos extraordinarios. Mientras los hongos comestibles seguirán enriqueciendo nuestras mesas con proteínas, vitaminas y minerales, los hongos medicinales se consolidan como una fuente prometedora de moléculas bioactivas con aplicaciones terapéuticas respaldadas por evidencia científica creciente. Comprender sus diferencias nos permite aprovechar mejor tanto sus beneficios nutricionales como sus propiedades curativas.
Referencias
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- Imagen de portada: Kew Garden - State of the World's Plants and Fungi 2023